miércoles, 29 de julio de 2015

¿Y si vivir fuese como jugar al ajedrez?

Todos hemos vivido alguna vez en propia piel esos días de sentirse miserable por cualquier razón aparente, quizá sin encontrar un motivo decente al que culpar. Y es que a veces, nosotros mismos somos nuestro mayor enemigo y peor castigo. Nos obsesionamos con algo que ni siquiera existe o es inverosímil para los demás, creando una burbuja a nuestro alrededor que no nos permite contacto directo con el exterior. Que los cuentos, por bonitos que sean, solo son fantasía y la vida es demasiado real para compararla con ellos. Nos intentan convencer de que existe una felicidad y que nuestra vida solo será plena una vez alcanzada, pero, ¿qué pasa con quien cree que la felicidad no perdura?
Unos piensan que son inestables; otros, que no son de fiar; y otros tantos, que la montaña rusa constante en la que se encuentra su corazón no se corresponde con la realidad. Pero, ¿hay algo más real que una montaña rusa? El calor y el frío, el verano y el invierno, la noche y el día… El “mundo real” que ellos creen defender está regido por vaivenes constantes e incesantes. Hasta esos pequeños ratos de indecisión o incertidumbre, donde el amanecer o el atardecer bañan por completo tus sentimientos, forman parte de la caída de nuestra atracción particular. Quizá lo único que nos queda es aprender a disfrutar de cada subida y cada descenso y saber que por mucho que creamos haber caído, siempre habrá un fondo más profundo al que bajar. Que la vida en sí, no es una felicidad plena de la que todos podremos disfrutar, sino un parque de atracciones en el que tú decides donde montar y cómo reaccionar ante cada sensación que se te presente. Porque podemos llorar, de alegría o tristeza, podemos reír, de felicidad, de amargura o nostalgia, podemos echar de menos (y de más). Y es dentro de cada uno de esos momentos donde se encuentra la felicidad, que no perdura, pero te puede hacer sentir ganador en la vida durante unos segundos.


Quizás nosotros y todos los que creen que la felicidad solo es algo pasajero somos los que de verdad entendemos cual es el sentido de vivir. De jugar y darlo todo en una partida en la que podemos salir victoriosos, o al contrario, totalmente derrotados.


Gracias a Dani por colaborar en esta entrada. 
Este texto ha sido posible gracias a él.
@NemoCaptain_

lunes, 27 de julio de 2015

Mi teatro.

Es cierto que la vida es un escenario lleno de intriga con nuevas escenas que nos toca afrontar de forma inesperada y sin ensayos. Y como obra teatral que sugiere, aparecen personajes dispuestos a quedarse y otros que llegan para marchar poco tiempo después. Los hay que curan las heridas y los que aparecen para hacernos morir (un poco más). 
Pero llega un día, sin más, en el que te das cuenta que todo eso ocurre y de que nadie podrá evitarlo. 
Que la importancia que tengan las personas que aparecen en esta obra, es la que tú quieras darle. 
Nadie tendrá la suerte de poder gritar que es feliz a los cuatro vientos o decir que no tiene cicatrices bajo su pecho, y si alguien la tiene, por favor, que me cuente cuál es el secreto que los demás aún no hemos sido capaces de descifrar. 
Porque de eso se trata, de luchar en la batalla y seguir al pie del cañón aún estando herido. 
Que a veces cuesta seguir hacia delante sin motivos aparentes, sin fuerzas y sin armas para combatir, pero nunca sabes cuando caerá el telón y pondrá ante nosotros una nueva escena que vivir. Y quién sabe si mejor o peor que la anterior, pero tarde o temprano, de nuevo volverá a cerrarse esa cortina y ha dejarnos en vilo de cuál será nuestra próxima lucha, siempre y cuando estemos dispuestos a andar todos los kilómetros necesarios para dejar atrás lo que fue y afrontar lo que será. 
Porque cada uno de  nosotros somos un pequeño mundo, con defectos, pero también con muchas virtudes. Con daños a la espalda pero también muchas sonrisas y sueños por cumplir. 
Tú eres el director de tu obra. 
Tú eres la única persona que puede orientar tu vida hacia uno u otro camino.

El sentido de la vida es tan simple que a veces ni siquiera somos capaces de verlo por dedicarnos a buscar más allá de lo que realmente importa. 

martes, 21 de julio de 2015

Somos cicatrices, sonrisas, pero ante todo; personas.

No soy una chica guapa. 
Ni inteligente. 
No soy una chica con cuerpo de modelo. 
Ni sonrisa de anuncio. 
No soy alta. 
No tengo los ojos bonitos.
Y no se me marcan los huesos de las caderas. 


Soy baja, tengo unos ojos marrones muy comunes, el pelo encrespado y me sobran un par de kilos. Tengo estrías. Tengo vello. Y la sonrisa hecha una mierda (en ambos sentidos).

Y no, no vengo a decir que esté orgullosa de mí misma, de mi aspecto o de mi mayor o menor inteligencia. Vengo a decir que, al menos, con más o menos virtudes o con más o menos defectos; soy yo. 
No nos queda otra opción que aceptar quiénes somos y tratar de cambiar, si queremos, lo que no nos gusta. 
Nunca porque alguien te lo diga. 
Solo para sentirte mejor contigo mismo. 

Marquemos un antes y un después en nuestras vidas. Seamos felices. Vivamos alegres. Dejemos de preocuparnos por el qué dirán y empecemos a valorar lo que nos dicen aquellos que nos quieren. 
Porque siempre hay alguien. 
Porque nadie está solo. 
Porque tú, no estás solo. 

martes, 14 de julio de 2015

Noches de soledad.

Quizá esta sea una de esas noches llenas de soledad en las que pienso acerca de mi vida y quiero cambiar todo de ella. Una de esas noches en las que hago recorrido con la memoria y recuerdo todos aquellos años en los que fui inmensamente feliz y ni siquiera lo sabía. A lo mejor es cierto que para saborear la felicidad, primero has de estar triste, no sé. Sonreía sin motivo y lloraba solo y exclusivamente de alegría. Pero hoy ya no. Intenté hacer un puente hacia mí misma, fallando en el intento de realizarlo y, por el contrario, he construido una barrera a mi alrededor y he creado una nueva vida apartada de todos aquellos momentos felices que un día me hicieron sentir especial. He dejado atrás a tantas personas que merecían la pena y he conservado a aquellas que eran el más tóxico veneno, por lo que he llegado a la conclusión de que es cierto, que para valorar todo lo bueno que nos hace alguien tenemos que prescindir de ello. Solo cuando no lo tenemos, cuando se ausentan y están lejos es cuando nos damos cuenta de lo importante que eran (y probablemente son) para nosotros. Y lo peor no siquiera es que se marchen. Lo peor son las personas que se van pero nos observan indirectamente, las que se van pero siguen viviendo dentro de nosotros, las que se van pero no nos dicen adiós. Y en estas circunstancias, ¿cómo se deja ir a alguien que ni siquiera me pertenece? 

miércoles, 8 de julio de 2015

Los sueños, yo y las direcciones opuestas.

Nunca fui de perseguir sueños,
más bien,
dejaba que los sueños me persiguieran.
Han pasado muchos años
—veintiuno exactamente—
y tanto tiempo acumulando sueños que no se hacen realidad
a la larga, 
pasa factura.
Son un cúmulo de ideas,
de expectativas, 
de sensaciones
que gustaría sentir en propia piel
y que nunca fue posible experimentar.
La falta de iniciativa
o quizás,
la inseguridad
—mayor que la fuerza de los sueños—
me hizo correr hacia atrás
mientras ellos lo hacían hacia delante.
Y justo por eso,
cada uno en direcciones opuestas
nunca llegamos a encontrarnos.
Ellos seguirán hacia delante
buscando a alguien que los haga reales
y yo seguiré hacia atrás,
intentando perseguir algo
que avanza en dirección contraria. 

martes, 7 de julio de 2015

Distancia.

Palabra definida como el espacio que existe entre dos puntos. En realidad, a nadie le gusta hablar de distancia. Muchos dicen que es el olvido, otros que es fuerza y unión. Nadie sabe lo que significa hasta que no la tiene en su boca, hasta que no pierde a alguien por culpa de unos kilómetros. 
A nadie le gusta tener lejos a quien quiere y mucho menos, tener miedo a perderle. Seguramente, muchos sabréis de lo que hablo. Sientes que tu lugar no es donde estás, que necesitas verle, abrazarle. Salir de casa y decirle "nos vemos en cinco minutos", pero siempre el mismo impedimento; la distancia.
No sé que duele más que la distancia. Siempre te queda la esperanza de que algún día, aunque no sepas cuando, le tendrás cerca. Por eso cuando la gente pregunta qué es la distancia, y contestan "es un espacio que existe entre dos puntos", sonrío.
Si realmente supieran qué es la distancia, nunca responderían eso.