Nunca fui de perseguir sueños,
más bien,
dejaba que los sueños me persiguieran.
Han pasado muchos años
—veintiuno exactamente—
y tanto tiempo acumulando sueños que no se hacen realidad
a la larga,
pasa factura.
Son un cúmulo de ideas,
de expectativas,
de sensaciones
que gustaría sentir en propia piel
y que nunca fue posible experimentar.
La falta de iniciativa
o quizás,
la inseguridad
—mayor que la fuerza de los sueños—
me hizo correr hacia atrás
mientras ellos lo hacían hacia delante.
Y justo por eso,
cada uno en direcciones opuestas
nunca llegamos a encontrarnos.
Ellos seguirán hacia delante
buscando a alguien que los haga reales
y yo seguiré hacia atrás,
intentando perseguir algo
que avanza en dirección contraria.
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