domingo, 22 de noviembre de 2015

Nosotros. Vosotros. Ellos.

Hay noches en las que aún sigo intentando encontrar la razón por la que te sigo pensando.
Porque sí, he de reconocer que aún intento recordar tu mirada fugitiva sobre mis ojos, el calor efímero que me hacían sentir tus abrazos incluso cuando el mundo alrededor se encontraba bajo cero. Pero como el viento que roza tu piel sólo porque impacta contra ti en plena calle, o como la lluvia, que se posa en tus pestañas los días tristes en los que nadie requiere de su compañía.
Intento escapar de tus recuerdos, pero ya sabes, el mundo no es tan grande como para dejar enterrados ciertos pasados. Quizá mi mente sí.
De lo que no tengo la mayor duda es, que desde que te fuiste, ningunos ojos han sido capaces de mirarme como los tuyos. Ignorante de mí que no supe valorarlo en su momento.
Ahora mis brazos anhelan tu cuerpo, aquel que siempre estaba dispuesto a fundirse en un apretón de esos que curan cualquier dolor del alma.
Pero ya no.
Ya nunca.
Me pregunto qué tal te irá y si tú también me echarás de menos. O si al menos pensarás en mí.
Ilusa.
Tus ojos negros, tu cabello castaño, tu piel morena. Tú, en general tan oscuro, pero con el interior tan claro y brillante como cualquier estrella que ocupe lugar en el firmamento. E igual de fugaz.
Hay noches en las que aún sigo intentando encontrar la razón por la que te sigo pensado.

Y ésta es otra de esas noches. Sin resultados en la búsqueda.

lunes, 31 de agosto de 2015

Ella es Madrid.

Imaginad lo que se debe sentir al pasear de su mano por Madrid.
Agarradla en plena Gran Vía y bailar de su cintura en la puerta de cada musical al ritmo de la música que nos regala la ciudad.
Ir a la Puerta del Sol, aunque en este caso, sería mayor el brillo que desprende su sonrisa.
Caminar de la mano hasta el Templo de Debod y que se derrumbe al vernos; ni dentro de él cabe tanto amor.
Al estanque del Retiro, aunque incomparable con navegar en su mirada. Ver su sonrisa reflejada en cada vidrio del Palacio de Cristal.
La Cibeles envidiando su belleza, Neptuno enamorado y la estatua de Bécquer escribiendo de nuevo; ha encontrado nueva musa.
Subir al teleférico y ver la ciudad desde las alturas, aunque he de decir que nada me hará subir más alto que sus caricias.
Jugar al escondite entre los árboles de los Jardines de Sabatini.
Pisar el kilómetro 0 después de todos los que llevamos a la espalda para abrazarnos.

Y es que ella sería la mejor poesía de Madrid; sus labios, el mejor verso.
Sus piernas las más bonitas de toda la Plaza Mayor.
Y con ese cigarro que esconde en su mano, los más tímidos de todo el Paseo de la Castellana.
Su rostro, la mejor obra de arte del Museo del Prado.
Y sus ojos, sin duda, la estrella que más brilla de toda la ciudad. 

jueves, 27 de agosto de 2015

xxviii

Aún no había acabado de bajar la escalera cuando tu voz ya sonaba con un «coge una chaqueta, hace frío.» Y yo siempre resoplaba. Y tú siempre sonreías.
Y es que a veces no nos damos cuenta del valor que tiene una simple sonrisa, y más aún si es tu sonrisa.
Porque tú eres mi mayor protección. 
Como cuando comencé a andar y tú siempre me agarrabas para evitar la caída. Y fíjate, que han pasado los años, y aún sabiendo hacerlo, me ayudas a caminar y a que no haya piedra capaz de interponerse en este camino lleno de obstáculos imposibles. Pero posibles si son contigo.
Y nunca sabré de qué forma agradecer tanto. Escribir es sólo un intento, aunque no sea la mejor de las opciones.
Pero yo siempre me quedaré con tus manos sosteniéndome y acariciando cada una de mis heridas. Haciéndome saber que hay que debo ser real, y no perfecta, aunque para ti haya sido una de las mejores cosas de tu vida. 
Tú siempre me decías lo mucho que valía, pero, ¿y tú, mi heroína?
Por ser siempre el pilar sobre el que construir mi vida. Por ser la valentía, la entereza, la bondad y la fuerza de una madre luchando a muerte y cada día por su familia. Como si te fuese la vida en ello. Como si nosotros fuésemos esa vida.
Porque cada año a tu espalda era un pequeño soldado que se unía a la lucha. Y con un ejército de cuarenta y tantos soldados no se es lo suficientemente resistente como para luchar de la forma en que tú lo has hecho.

¿Cómo ejemplo a seguir? Tú.

Y como compañera de viaje, tú durante toda mi vida.
Que no será eterna, pero me basta con saber que estaré contigo hasta el último suspiro de ésta. 
Tan larga como parece, tan breve como es. 
Porque siempre hemos sido de luchar contra gigantes, de quemar a los demonios y de hacer añicos todo el mal. Y porque siempre quedará tu risa, acompañada del pálpito de tu corazón como la más bonita de las melodías jamás compuesta.
Cuenta conmigo para reír. Para llorar. Para soñar. Cuenta con mi mano para agarrarte siempre que busques estabilidad. Con mi hombro cuando tus lágrimas caigan. Con mi faceta de payaso siempre que necesites sonreír.
Que para mí, aunque vengan curvas, tu sonrisa siempre será mi salvavidas.

Siento que nunca acabaría este texto, que siempre faltarían letras y sobre todo palabras con las que expresar todo lo que te quiero. 

Recuerda estas palabras como la más mínima parte de todo lo que me gustaría decirte. 
Y que siempre, el mayor de los regalos, siempre será tu risa.

lunes, 10 de agosto de 2015

Número 10.

Siempre pensé que el amor es un mito que solo conocen aquellos que encuentran su alma gemela. ¿Será cierto que existen las almas gemelas y que no estamos solos en este mundo tan solitario?

Realmente, yo siempre fui de creer en fantasías, de pensar que si yo estaba aquí, por qué no podría haber otra persona en cualquier otro lugar del mundo que necesitase lo mismo que yo. Somos millones de personas con millones de sentimientos, pero quizá existan dos personas que complementen las ausencias de uno con las abundancias del otro. 
Que tú me des el amor que necesito, que yo te dé el calor que a ti te falta.

Hay días en que te cruzas por la calle a cientos de personas y sientes que muchas de ellas podrían formar parte de ti, pero sólo se queda en un cruce de miradas que no llega a ninguna parte. Una atracción física de dos desconocidos que buscan esa otra mitad que les complemente. 
Y así pasa un día, dos. Pasan las semanas, los meses, probablemente los años...
...hasta que llega un día que todo cambia.

De pronto, sin saber cómo ni por qué, conoces de la forma más inesperada a la persona que te cambiará la vida, a ese alma gemela que buscaste durante tanto tiempo y que te complementa a la perfección. A veces parece imposible que de un día para otro y sin esperarlo aparezca alguien que te acepte con todos tus errores, inseguridades y cicatrices. Que te desarme por completo y ponga en duda todos los esquemas que durante años tú habías elaborado. Pero sucede. Y es precioso.
Porque a veces no sabemos de qué piel estamos hechos hasta que estamos a punto de arder por alguien, y yo, hace tiempo que soy un incendio. 
Y así, día tras día, sonrisa tras sonrisa y mirada tras mirada, comprendí que solo un gesto verdadero es la clave para encontrar esa mitad a la que darle todo cuanto sea posible de uno mismo. Y que hoy, después de tanto tiempo tratando de encontrar la respuesta a todas mis preguntas, daría todo lo necesario para que nunca se apagase la llama que mantiene encendido este fuego. Porque arder resulta bonito cuando ese fuego es el amor de la persona que tanto tiempo llevabas esperando.


miércoles, 29 de julio de 2015

¿Y si vivir fuese como jugar al ajedrez?

Todos hemos vivido alguna vez en propia piel esos días de sentirse miserable por cualquier razón aparente, quizá sin encontrar un motivo decente al que culpar. Y es que a veces, nosotros mismos somos nuestro mayor enemigo y peor castigo. Nos obsesionamos con algo que ni siquiera existe o es inverosímil para los demás, creando una burbuja a nuestro alrededor que no nos permite contacto directo con el exterior. Que los cuentos, por bonitos que sean, solo son fantasía y la vida es demasiado real para compararla con ellos. Nos intentan convencer de que existe una felicidad y que nuestra vida solo será plena una vez alcanzada, pero, ¿qué pasa con quien cree que la felicidad no perdura?
Unos piensan que son inestables; otros, que no son de fiar; y otros tantos, que la montaña rusa constante en la que se encuentra su corazón no se corresponde con la realidad. Pero, ¿hay algo más real que una montaña rusa? El calor y el frío, el verano y el invierno, la noche y el día… El “mundo real” que ellos creen defender está regido por vaivenes constantes e incesantes. Hasta esos pequeños ratos de indecisión o incertidumbre, donde el amanecer o el atardecer bañan por completo tus sentimientos, forman parte de la caída de nuestra atracción particular. Quizá lo único que nos queda es aprender a disfrutar de cada subida y cada descenso y saber que por mucho que creamos haber caído, siempre habrá un fondo más profundo al que bajar. Que la vida en sí, no es una felicidad plena de la que todos podremos disfrutar, sino un parque de atracciones en el que tú decides donde montar y cómo reaccionar ante cada sensación que se te presente. Porque podemos llorar, de alegría o tristeza, podemos reír, de felicidad, de amargura o nostalgia, podemos echar de menos (y de más). Y es dentro de cada uno de esos momentos donde se encuentra la felicidad, que no perdura, pero te puede hacer sentir ganador en la vida durante unos segundos.


Quizás nosotros y todos los que creen que la felicidad solo es algo pasajero somos los que de verdad entendemos cual es el sentido de vivir. De jugar y darlo todo en una partida en la que podemos salir victoriosos, o al contrario, totalmente derrotados.


Gracias a Dani por colaborar en esta entrada. 
Este texto ha sido posible gracias a él.
@NemoCaptain_

lunes, 27 de julio de 2015

Mi teatro.

Es cierto que la vida es un escenario lleno de intriga con nuevas escenas que nos toca afrontar de forma inesperada y sin ensayos. Y como obra teatral que sugiere, aparecen personajes dispuestos a quedarse y otros que llegan para marchar poco tiempo después. Los hay que curan las heridas y los que aparecen para hacernos morir (un poco más). 
Pero llega un día, sin más, en el que te das cuenta que todo eso ocurre y de que nadie podrá evitarlo. 
Que la importancia que tengan las personas que aparecen en esta obra, es la que tú quieras darle. 
Nadie tendrá la suerte de poder gritar que es feliz a los cuatro vientos o decir que no tiene cicatrices bajo su pecho, y si alguien la tiene, por favor, que me cuente cuál es el secreto que los demás aún no hemos sido capaces de descifrar. 
Porque de eso se trata, de luchar en la batalla y seguir al pie del cañón aún estando herido. 
Que a veces cuesta seguir hacia delante sin motivos aparentes, sin fuerzas y sin armas para combatir, pero nunca sabes cuando caerá el telón y pondrá ante nosotros una nueva escena que vivir. Y quién sabe si mejor o peor que la anterior, pero tarde o temprano, de nuevo volverá a cerrarse esa cortina y ha dejarnos en vilo de cuál será nuestra próxima lucha, siempre y cuando estemos dispuestos a andar todos los kilómetros necesarios para dejar atrás lo que fue y afrontar lo que será. 
Porque cada uno de  nosotros somos un pequeño mundo, con defectos, pero también con muchas virtudes. Con daños a la espalda pero también muchas sonrisas y sueños por cumplir. 
Tú eres el director de tu obra. 
Tú eres la única persona que puede orientar tu vida hacia uno u otro camino.

El sentido de la vida es tan simple que a veces ni siquiera somos capaces de verlo por dedicarnos a buscar más allá de lo que realmente importa. 

martes, 21 de julio de 2015

Somos cicatrices, sonrisas, pero ante todo; personas.

No soy una chica guapa. 
Ni inteligente. 
No soy una chica con cuerpo de modelo. 
Ni sonrisa de anuncio. 
No soy alta. 
No tengo los ojos bonitos.
Y no se me marcan los huesos de las caderas. 


Soy baja, tengo unos ojos marrones muy comunes, el pelo encrespado y me sobran un par de kilos. Tengo estrías. Tengo vello. Y la sonrisa hecha una mierda (en ambos sentidos).

Y no, no vengo a decir que esté orgullosa de mí misma, de mi aspecto o de mi mayor o menor inteligencia. Vengo a decir que, al menos, con más o menos virtudes o con más o menos defectos; soy yo. 
No nos queda otra opción que aceptar quiénes somos y tratar de cambiar, si queremos, lo que no nos gusta. 
Nunca porque alguien te lo diga. 
Solo para sentirte mejor contigo mismo. 

Marquemos un antes y un después en nuestras vidas. Seamos felices. Vivamos alegres. Dejemos de preocuparnos por el qué dirán y empecemos a valorar lo que nos dicen aquellos que nos quieren. 
Porque siempre hay alguien. 
Porque nadie está solo. 
Porque tú, no estás solo.