Hay noches en las que aún sigo
intentando encontrar la razón por la que te sigo pensando.
Porque sí, he de reconocer que aún
intento recordar tu mirada fugitiva sobre mis ojos, el calor efímero que me
hacían sentir tus abrazos incluso cuando el mundo alrededor se encontraba bajo
cero. Pero como el viento que roza tu piel sólo porque impacta contra ti en
plena calle, o como la lluvia, que se posa en tus pestañas los días tristes en
los que nadie requiere de su compañía.
Intento escapar de tus recuerdos,
pero ya sabes, el mundo no es tan grande como para dejar enterrados ciertos
pasados. Quizá mi mente sí.
De lo que no tengo la mayor duda
es, que desde que te fuiste, ningunos ojos han sido capaces de mirarme como los
tuyos. Ignorante de mí que no supe valorarlo en su momento.
Ahora mis brazos anhelan tu cuerpo,
aquel que siempre estaba dispuesto a fundirse en un apretón de esos que curan
cualquier dolor del alma.
Pero ya no.
Ya nunca.
Me pregunto qué tal te irá y si tú
también me echarás de menos. O si al menos pensarás en mí.
Ilusa.
Tus ojos negros, tu cabello
castaño, tu piel morena. Tú, en general tan oscuro, pero con el interior tan
claro y brillante como cualquier estrella que ocupe lugar en el firmamento. E
igual de fugaz.
Hay noches en las que aún sigo
intentando encontrar la razón por la que te sigo pensado.
Y ésta es otra de esas noches. Sin
resultados en la búsqueda.