Aún no había acabado de bajar la escalera cuando tu voz ya sonaba con un «coge una chaqueta, hace frío.» Y yo siempre resoplaba. Y tú siempre sonreías.
Y es que a veces no nos damos cuenta del valor que tiene una simple sonrisa, y más aún si es tu sonrisa.
Porque tú eres mi mayor protección.
Como cuando comencé a andar y tú siempre me agarrabas para evitar la caída. Y fíjate, que han pasado los años, y aún sabiendo hacerlo, me ayudas a caminar y a que no haya piedra capaz de interponerse en este camino lleno de obstáculos imposibles. Pero posibles si son contigo.
Y nunca sabré de qué forma agradecer tanto. Escribir es sólo un intento, aunque no sea la mejor de las opciones.
Pero yo siempre me quedaré con tus manos sosteniéndome y acariciando cada una de mis heridas. Haciéndome saber que hay que debo ser real, y no perfecta, aunque para ti haya sido una de las mejores cosas de tu vida.
Tú siempre me decías lo mucho que valía, pero, ¿y tú, mi heroína?
Por ser siempre el pilar sobre el que construir mi vida. Por ser la valentía, la entereza, la bondad y la fuerza de una madre luchando a muerte y cada día por su familia. Como si te fuese la vida en ello. Como si nosotros fuésemos esa vida.
Porque cada año a tu espalda era un pequeño soldado que se unía a la lucha. Y con un ejército de cuarenta y tantos soldados no se es lo suficientemente resistente como para luchar de la forma en que tú lo has hecho.
¿Cómo ejemplo a seguir? Tú.
Y como compañera de viaje, tú durante toda mi vida.
Que no será eterna, pero me basta con saber que estaré contigo hasta el último suspiro de ésta.
Tan larga como parece, tan breve como es.
Porque siempre hemos sido de luchar contra gigantes, de quemar a los demonios y de hacer añicos todo el mal. Y porque siempre quedará tu risa, acompañada del pálpito de tu corazón como la más bonita de las melodías jamás compuesta.
Cuenta conmigo para reír. Para llorar. Para soñar. Cuenta con mi mano para agarrarte siempre que busques estabilidad. Con mi hombro cuando tus lágrimas caigan. Con mi faceta de payaso siempre que necesites sonreír.
Que para mí, aunque vengan curvas, tu sonrisa siempre será mi salvavidas.
Siento que nunca acabaría este texto, que siempre faltarían letras y sobre todo palabras con las que expresar todo lo que te quiero.
Recuerda estas palabras como la más mínima parte de todo lo que me gustaría decirte.
Y que siempre, el mayor de los regalos, siempre será tu risa.
Precioso, no hay más. Se nota que escribes desde lo más profundo.
ResponderEliminarNecesitaba decirte, además, que con lo que escribes en twitter me ayudas a llenar el pequeño vacío que siento.
Eres grande, sigue así.